Antes las personas tomaban fotos
para recordar un momento, para plasmar una situación en una imagen. Hoy en día
el contexto o la situación no son de suma importancia, ya que la mayoría de las
imágenes en las redes sociales son prácticamente las caras de las personas
abarcando toda la pantalla.
A pesar de que no niego haberlo
hecho, creo que hay personas quienes hacen esto excesivamente en todas sus
actividades del día. Personalmente me siento algo avergonzada de sacarme una
“selfie” en público, obviamente hay quienes no sienten lo mismo.
Tener un día en el que todo gire
en torno a tus actividades y tu cara en una pantalla, ¿suena algo egocéntrico
no? Pues definitivamente este es un punto de vista muy debatido, ya que hay un
gran porcentaje de personas que opinan que las selfies contribuyen al ego de
las personas, si lo piensan bien es como la historia de Narciso en la mitología
griega, con la diferencia de utilizar un Smartphone.
Aparte de ser una versión actual
de la historia de Narciso, hay personas que utilizan selfies para distintos
propósitos, ya sea para mostrar algo detrás que consideran “gracioso”, en forma
de burla o mostrando situaciones de riesgo para otras personas. Se han filtrado
fotografías que muestran una persona por suicidarse en la parte trasera de la
imagen, o personas alcoholizadas en la calle. Esto solo aumenta la difusión de
la falta de empatía de los que toman la foto. Hoy en día también se ven selfies
dirigidas o intencionadas al morbo, que contribuyen a la prostitución, trata de
menores, etc. Todas estas imágenes se encuentran a la disposición de cualquiera
con acceso a internet.
Ya sea que las selfies
contribuyan a prácticas diarias como tomarse
una foto en el “gym” o a problemas sociales como la prostitución infantil, no
podemos negar que las selfies son un fenómeno mundial que ha dejado huella en
la historia de la humanidad.

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