Lunes 10 de noviembre de 2014…
recinto penitenciario Palmasola, un barrio encerrado, donde gente peligrosa e
incluso niños inocentes viven, desde condiciones precarias hasta lujos que ni
los de afuera del recinto tienen.
Llegue a la universidad, al punto
de encuentro con mis compañeros y docentes, quienes luego empezaron a llegar.
Todos están entre el borde de la
tranquilidad y las ansias, luego nos derivaron a un bus el cual nos llevaría a
nuestro destino. El trayecto fue mucho más placentero que la espera en el punto
de encuentro, todos están en su mundo, riendo
y charlando, yo escucho música con mis audífonos, estoy callada, al parecer no
había despertado sintiéndome de lo más sociable.
Mientras el bus avanza y se aleja de la ciudad, de todo lo que
supuesta mente “conocemos “, se empieza a notar lo paradójico que el mundo puede llegar a ser,
pues a dónde íbamos las personas viven con distintos principios, valores y
costumbres.
Al llegar veo una gran puerta
rectangular, es como la entrada a una gran caja sin techo, a pesar de ser una
cárcel, ésta, está rodeada de una comunidad, incluso las personas se ha adaptado
a la cárcel y le sacaron provecho para hacer su negocio, desde guardar
celulares durante la estadía de los visitantes en la cárcel, hasta la venta de
comida fuera de la misma.
Lo primero que se nota, es que en
la entrada de la cárcel dice “centro de rehabilitación”, parece un título
leve, un juego del lenguaje en el cual se camufla toda la corrupción y la forma
de vida de supervivencia que desde niños inocentes hasta reos sin recursos
llevan dentro.
Antes de bajar del bus, el
docente de la materia de redacción periodística, nos da recomendaciones, una de
ellas es no llamar la atención lo cual creo fue lo primero que hicimos, pues no
creo que todos los días se vea un grupo de estudiantes bajando de un bus y
caminando en manada hacia la cárcel.
Frente al lugar, hay algo así
como un pequeño mercado, como unos tres puestos de frutas y varias tiendas, la
calle que entraba a la cárcel era como un pasillo donde desde lejos se ve la
entrada, esa calle de entrada estaba repleta de pequeños negocios y personas
adaptadas a ese estilo de vida…
Fuera de la entrada desde muy
temprano hay puestos reservados para poder entrar a visitar a los reos, según
Anahí, una señora que ya tiene su puesto reservado desde muy temprano, los
visitantes pueden quedarse dentro hasta por tres días o simplemente no salir más,
también pueden meter víveres y su ropa, sin embargo en la entrada hay un
letrero con un listado de objetos que los visitantes no pueden meter.
Nos dividimos en grupo, cada
grupo yendo a averiguar mas sobre el lugar y cerca de un puesto en el que se
guardan celulares esta un hombre con su estuche de computadora portátil en la
mano, dejando su celular, Noelia una de mis compañeras se le acerca y empieza a
hablar con él, entonces todos nos aproximamos a escuchar, Marcos Maymora, un abogado
que ejerce como catedrático de derechos da clases a los reos dentro de la
cárcel, nos invitó a su clase, cosa que habría sido bastante interesante…
También nos comentó que Bolivia es la única cárcel en la que los reos pueden
salir con una profesión.
Gregoria señora con su tienda muy
cerca de la entrada nos afirma que no le parece un lugar inseguro para su
negocio, que nunca se ha visto algún escándalo o algo que afecte su seguridad y
que incluso hay dos colegios cercanos, lo comprobamos viendo estudiantes cerca
y algunos saliendo de la cárcel para ir
a clases, como ya había mencionado, familias enteras viven dentro, incluso
niños inocentes.
Luego de por lo menos dos horas
de rondar los alrededores de la cárcel, decidimos irnos ya que no nos van a dejar
entrar, los horarios no van acorde a los nuestros.
Tal vez entrar habría hecho la
visita más interesante y provechosa pero de igual manera mostró una
realidad distinta , a una realidad que solamente había escuchado en
conversaciones ajenas.
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