Entrevista a David Dusster
Alto,
de oscuros cabellos que van tornándose grises y una barba de dos o tres días,
David Dusster se encontraba de pie en uno de los pasillos de la gran sala de
redacción de El Deber.
Nos
conduce a una mesa que se encontraba junto a su área de trabajo, al centro de
la amplia habitación en la cual decenas de periodistas teclean su sueldo.
Revistas y periódicos apilados cuidadosamente sobre este oscuro mueble manifiestan
orden y meticulosidad en la manera de obrar de quienes ocupan este espacio
central.
La
mirada atenta de Dusster deja entrever algo del periodista que dentro de él ha
ido forjándose a los largo de los años. Su camisa (de un color azul claro),
cayéndole por fuera del pantalón y sin corbata ni botones ajustados hasta el
cuello, le dan la apariencia de alguien con un día ajetreado, ocupado con su
oficio, que prima su comodidad sin obviar cierto formalismo en la vestimenta de
oficina.
Con
una actitud amable y dispuesta, en poco más de un cuarto de hora da a conocer
algunos aspectos de su vida y su punto de vista como periodista.
Para conocer al
objetivo
David
Dusster (1966), licenciado en Ciencias de la información en la Universidad
Autónoma de Barcelona (1990), periodista de vocación como él mismo afirma, es
quizás una de las pocas personas que conocen alrededor de noventa países. Ha
ejercido de reportero por todo el mundo y actualmente se ocupa de la página web
de El Deber, como Editor Multimedia.
Pregunta: ¿Cómo empezó con este
proyecto digital en El Deber?
Respuesta: Soy
de Barcelona, y llevo en Bolivia ocho meses, y llegué precisamente a hacerme cargo del proyecto digital, no solo
de la web, sino también un poco de la estrategia digital periodística de El
Deber.
El
primer resultado palpable es la nueva web, el [nuevo] diseño [supone] un
replanteamiento de las prioridades informáticas, de la forma de presentar los
contenidos.
P: Tenemos entendido que
usted ha viajado bastante por el mundo, ¿alguna experiencia que desee contar?
R: Miles
de experiencias (ríe un poco).
No
sé, no sabría como resumirte, he estado en unos noventa países en todo el mundo.
Digamos
que mis viajes han sido casi siempre parte de mi trabajo como reportero, y a
través de los viajes he ido viendo también cómo evolucionaba el mundo en
general, y el mundo digital en particular.
Recuerdo
que hace 27 años estuve cinco meses trabajando por la India, y justo empezaba
el email entonces. Yo tenía una cuenta que acababa de estrenar. Entonces, en
ciudades grandes como Nueva Delhi, tenías que buscar cibercafés (tal vez había
uno o dos en toda la ciudad), tenías que localizarlos, tenías que esperar que funcionara
la línea (cosa que no pasaba casi nunca), y luego necesitabas tener a alguien a
quien enviarle el email porque la gente no tenía email.
También
recuerdo que en el año 97 tuve mi primer teléfono celular. Y yo he podido ver cómo
evolucionaba el mundo y ver también como era una globalización muy palpable, el
progreso no ha sido al mismo nivel tecnológico, aunque evidentemente la
disparidad social, la brecha digital existe, y es acentuada en los países más
pobres, pero digamos que la telefonía móvil, por ejemplo, ha tenido un impacto
muy claro en uniformar el mundo. Muchos países no tienen todavía la red de
cable de teléfono fijo y no la tendrán nunca, porque ya el celular ha
desplazado eso.
P: Respecto a sus libros
publicados, ¿qué temáticas trata?
R: Bueno,
el título antecede al libro, el título es primero, igual que debería ser en
cualquier nota periodística, tener el título antes que la nota, te delimita
mucho el enfoque.
Y
un libro, digamos que el que más trabajé yo, es como una especie de reportajes
que hice por todo el mundo. Se llama Esclavos modernos, y es un retrato de la
gente desfavorecida de la globalización mundial, la gente que ha quedado
excluida y marginada. Son experiencias que he tenido en varios países del
mundo, como Brasil, como Filipinas, como Sudáfrica, pero también reportajes hechos en España. Ese libro es del
año (piensa un momento) 2006 diría yo.
P: ¿Le parece que hay
una diferencia en el tratamiento de los temas en el periodismo aquí en Santa
Cruz, en Bolivia, y el periodismo en España, por ejemplo?
R: Sí,
hay mucha, hay mucha.
Yo
lo que noto más es que en España hay más preocupación por acercar a la gente a
los temas. Aquí por ejemplo, […] la fuente informativa, que podría ser un
ministro, un acto de protesta en la calle, cualquier cosa, se transmite casi
literalmente al lector, al usuario de internet. En España hay un esfuerzo más
de interpretar y contextualizar las cosas, de explicar más, no lo que pasa,
sino lo que significa. Esa es la gran diferencia que veo yo
P: ¿Le parece que el
periodismo virtual en algún momento puede llegar a desplazar a los periódicos
en físico?
R: Ah,
seguro. Inevitable.
P: Y esto, en países que
son más desarrollados, ¿va a ser antes? ¿Nota alguna diferencia en la cantidad
de periódicos escritos aquí en Bolivia?
R: Se
nota mucho aquí en Bolivia, hay la suerte de que todavía no hay una crisis del
papel, de los periódicos impresos. Supongo
que básicamente por el ciclo económico de Bolivia, que es bueno, es de
crecimiento.
En
países como España, que ya vienen de una crisis económica muy fuerte, se ha
acentuado el declive del papel, entonces hay visiones muy apocalípticas.
Yo no soy tan apocalíptico pero me parece claro
que la prensa de papel va a desaparecer, no sé si en su conjunto, pero en gran
parte. No me atrevo a decir que todos los periódicos de papel van a
desaparecer, sería muy osado decir eso, pero si va haber una crisis muy fuerte
en todo el mundo.
Los
periódicos que sobreviven en estados como en España son periódicos que son
referencias culturales, aparte son periódicos que refleja un estilo de vida, la
gente se identifica con ellos, más allá de que den noticias.
Creo
que esos periódicos continuarán, pero también es evidente que la prensa escrita
tiene que adaptarse a los tiempos modernos.
Cuando
estudiaba en la universidad todo el mundo iba con el periódico de papel bajo el
brazo. Ahora la gente va con los celulares, con la tableta.
P: Y ante esa situación
de crisis de periodismo impreso, ¿qué cualidades cree que sean más valoradas o
necesarias ahora en un periodista?
R: Las
cualidades son las mismas. El periodista
tiene que ser periodista. Da igual el formato en que lo haga. Obviamente no
estoy diciendo que sea la misma prensa en papel que en la web. La web tiene un
lenguaje propio, es un medio diferente, tan diferente como puede ser la prensa
escrita y la tele. Entonces no se puede hacer el mismo periodismo en papel que
en web.
Ahora,
las cualidades del periodista tienen que ser las mismas, primero, una
curiosidad innata; luego, una voluntad de ir más allá de lo que aparenta un
hecho informativo, una noticia. El periodismo tiene que ser periodismo, lo haga
en el formato que lo haga, y dicho eso, sí que es evidente que en el periodismo de hoy en día nadie
puede pensar que va a encontrar, sobre todo jóvenes, trabajo de periodista si
no sabe tomar fotografías con una cámara, o con un Smartphone, o si no sabe hacer
o editar un video.
O
sea, hay habilidades multimedia que para gente joven ya son imprescindibles. Igual
que, por ejemplo, cuando yo estudiaba era imprescindible saber inglés, lo
mismo, o sea es imprescindible, nadie va a contratar a un periodista que no
sepa usar una cámara de vídeo.
Y
eso es una gran diferencia respecto a lo que había antes. Antes solo se
preocupaban por escribir.
P: Si usted no fuera
periodista, ¿a qué se dedicaría?
R: Ah,
no lo sé. Espía, algo así (ríe). No tengo ni idea, era una broma.
La
verdad es que desde que tengo uso de razón quería ser periodista, siempre quise
eso. Aparte de los sueños que todos los niños tienen de ser futbolista o una
cosa así, siempre quise ser periodista. Es una profesión muy dura, mucho
sacrificio humano, unos horarios muy…pero a todos nos gusta. En el futuro igual
me gustaría estar relajado en una playa, en un hotel o algo así, pero no
imagino la vida sin el periodismo.
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