lunes, 24 de noviembre de 2014

“No imagino la vida sin el periodismo”

Entrevista a David Dusster


Alto, de oscuros cabellos que van tornándose grises y una barba de dos o tres días, David Dusster se encontraba de pie en uno de los pasillos de la gran sala de redacción de El Deber.

Nos conduce a una mesa que se encontraba junto a su área de trabajo, al centro de la amplia habitación en la cual decenas de periodistas teclean su sueldo. Revistas y periódicos apilados cuidadosamente sobre este oscuro mueble manifiestan orden y meticulosidad en la manera de obrar de quienes ocupan este espacio central.

La mirada atenta de Dusster deja entrever algo del periodista que dentro de él ha ido forjándose a los largo de los años. Su camisa (de un color azul claro), cayéndole por fuera del pantalón y sin corbata ni botones ajustados hasta el cuello, le dan la apariencia de alguien con un día ajetreado, ocupado con su oficio, que prima su comodidad sin obviar cierto formalismo en la vestimenta de oficina.
Con una actitud amable y dispuesta, en poco más de un cuarto de hora da a conocer algunos aspectos de su vida y su punto de vista como periodista.

Para conocer al objetivo

David Dusster (1966), licenciado en Ciencias de la información en la Universidad Autónoma de Barcelona (1990), periodista de vocación como él mismo afirma, es quizás una de las pocas personas que conocen alrededor de noventa países. Ha ejercido de reportero por todo el mundo y actualmente se ocupa de la página web de El Deber, como Editor Multimedia.


Pregunta: ¿Cómo empezó con este proyecto digital en El Deber?
Respuesta: Soy de Barcelona, y llevo en Bolivia ocho meses, y llegué precisamente  a hacerme cargo del proyecto digital, no solo de la web, sino también un poco de la estrategia digital periodística de El Deber.

El primer resultado palpable es la nueva web, el [nuevo] diseño [supone] un replanteamiento de las prioridades informáticas, de la forma de presentar los contenidos.

P: Tenemos entendido que usted ha viajado bastante por el mundo, ¿alguna experiencia que desee contar?
R: Miles de experiencias (ríe un poco).
No sé, no sabría como resumirte, he estado en unos noventa países en todo el mundo.

Digamos que mis viajes han sido casi siempre parte de mi trabajo como reportero, y a través de los viajes he ido viendo también cómo evolucionaba el mundo en general, y el mundo digital en particular.

Recuerdo que hace 27 años estuve cinco meses trabajando por la India, y justo empezaba el email entonces. Yo tenía una cuenta que acababa de estrenar. Entonces, en ciudades grandes como Nueva Delhi, tenías que buscar cibercafés (tal vez había uno o dos en toda la ciudad), tenías que localizarlos, tenías que esperar que funcionara la línea (cosa que no pasaba casi nunca), y luego necesitabas tener a alguien a quien enviarle el email porque la gente no tenía email.

También recuerdo que en el año 97 tuve mi primer teléfono celular. Y yo he podido ver cómo evolucionaba el mundo y ver también como era una globalización muy palpable, el progreso no ha sido al mismo nivel tecnológico, aunque evidentemente la disparidad social, la brecha digital existe, y es acentuada en los países más pobres, pero digamos que la telefonía móvil, por ejemplo, ha tenido un impacto muy claro en uniformar el mundo. Muchos países no tienen todavía la red de cable de teléfono fijo y no la tendrán nunca, porque ya el celular ha desplazado eso.

P: Respecto a sus libros publicados, ¿qué temáticas trata?
R: Bueno, el título antecede al libro, el título es primero, igual que debería ser en cualquier nota periodística, tener el título antes que la nota, te delimita mucho el enfoque.

Y un libro, digamos que el que más trabajé yo, es como una especie de reportajes que hice por todo el mundo. Se llama Esclavos modernos, y es un retrato de la gente desfavorecida de la globalización mundial, la gente que ha quedado excluida y marginada. Son experiencias que he tenido en varios países del mundo, como Brasil, como Filipinas, como Sudáfrica, pero también  reportajes hechos en España. Ese libro es del año (piensa un momento) 2006 diría yo.

P: ¿Le parece que hay una diferencia en el tratamiento de los temas en el periodismo aquí en Santa Cruz, en Bolivia, y el periodismo en España, por ejemplo?
R: Sí, hay mucha, hay mucha.
Yo lo que noto más es que en España hay más preocupación por acercar a la gente a los temas. Aquí por ejemplo, […] la fuente informativa, que podría ser un ministro, un acto de protesta en la calle, cualquier cosa, se transmite casi literalmente al lector, al usuario de internet. En España hay un esfuerzo más de interpretar y contextualizar las cosas, de explicar más, no lo que pasa, sino lo que significa. Esa es la gran diferencia que veo yo

P: ¿Le parece que el periodismo virtual en algún momento puede llegar a desplazar a los periódicos en físico?
R: Ah, seguro. Inevitable.

P: Y esto, en países que son más desarrollados, ¿va a ser antes? ¿Nota alguna diferencia en la cantidad de periódicos escritos aquí en Bolivia?
R: Se nota mucho aquí en Bolivia, hay la suerte de que todavía no hay una crisis del papel, de los periódicos impresos. Supongo  que básicamente por el ciclo económico de Bolivia, que es bueno, es de crecimiento.
En países como España, que ya vienen de una crisis económica muy fuerte, se ha acentuado el declive del papel, entonces hay visiones muy apocalípticas.
Yo  no soy tan apocalíptico pero me parece claro que la prensa de papel va a desaparecer, no sé si en su conjunto, pero en gran parte. No me atrevo a decir que todos los periódicos de papel van a desaparecer, sería muy osado decir eso, pero si va haber una crisis muy fuerte en todo el mundo.

Los periódicos que sobreviven en estados como en España son periódicos que son referencias culturales, aparte son periódicos que refleja un estilo de vida, la gente se identifica con ellos, más allá de que den noticias.
Creo que esos periódicos continuarán, pero también es evidente que la prensa escrita tiene que adaptarse a los tiempos modernos.
Cuando estudiaba en la universidad todo el mundo iba con el periódico de papel bajo el brazo. Ahora la gente va con los celulares, con la tableta.

P: Y ante esa situación de crisis de periodismo impreso, ¿qué cualidades cree que sean más valoradas o necesarias ahora en un periodista?
R: Las  cualidades son las mismas. El periodista tiene que ser periodista. Da igual el formato en que lo haga. Obviamente no estoy diciendo que sea la misma prensa en papel que en la web. La web tiene un lenguaje propio, es un medio diferente, tan diferente como puede ser la prensa escrita y la tele. Entonces no se puede hacer el mismo periodismo en papel que en web.

Ahora, las cualidades del periodista tienen que ser las mismas, primero, una curiosidad innata; luego, una voluntad de ir más allá de lo que aparenta un hecho informativo, una noticia. El periodismo tiene que ser periodismo, lo haga en el formato que lo haga, y dicho eso, sí que es evidente  que en el periodismo de hoy en día nadie puede pensar que va a encontrar, sobre todo jóvenes, trabajo de periodista si no sabe tomar fotografías con una cámara, o con un Smartphone, o si no sabe hacer o editar un video.

O sea, hay habilidades multimedia que para gente joven ya son imprescindibles. Igual que, por ejemplo, cuando yo estudiaba era imprescindible saber inglés, lo mismo, o sea es imprescindible, nadie va a contratar a un periodista que no sepa usar una cámara de vídeo.

Y eso es una gran diferencia respecto a lo que había antes. Antes solo se preocupaban por escribir.


P: Si usted no fuera periodista, ¿a qué se dedicaría?
R: Ah, no lo sé. Espía, algo así (ríe). No tengo ni idea, era una broma.

La verdad es que desde que tengo uso de razón quería ser periodista, siempre quise eso. Aparte de los sueños que todos los niños tienen de ser futbolista o una cosa así, siempre quise ser periodista. Es una profesión muy dura, mucho sacrificio humano, unos horarios muy…pero a todos nos gusta. En el futuro igual me gustaría estar relajado en una playa, en un hotel o algo así, pero no imagino la vida sin el periodismo.

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