con sus escasos segundos de descanso Joel niño de diez años,
de estatura baja , pelos oscuros, piel morena y ojos grandes, espera bajo el
sofocante calor del sol de medio día y pisando el abrasador asfalto calentado, que el semáforo
del cuarto anillo y Paraguá cambie de color y los vehículos se detengan y así
el pueda hacer piruetas y luego cobrar monedas por el show, a diferencia de
muchos niños de su edad que en estas fechas ya piensan en las vacaciones
escolares y en la esperada navidad, Joel
, nunca fue a la escuela y solo piensa en cosas básicas como: la comida del día
y llevar dinero a casa, sin sueños, sin metas, sin nada.
El caso de Joel es uno de los más de 120.000 que existen en
la ciudad de Santa Cruz, niños que trabajan más de ocho horas en las avenidas
de la ciudad, siendo explotados en algunos casos por sus padres quienes son
malvivientes o adictos a drogas, sin importar el peligro que corren en las
calles.
Pese a que está prohibido que los niños trabajen y que es un
derecho y obligación que vayan a la escuela, la realidad es que si existen
estos casos y los podemos ver en la cuidad.
Existen grupos tanto estatales como privados que tratan de alejar
a estos niños de adquirir malos hábitos delincuenciales o adicciones, pero en
un país con altos índices de pobreza como Bolivia es muy difícil.
'' verdaderamente da me
mucha pena, como madre ver a esos niños trabajando en las avenidas sin cuidados
de los peligros que corren, pero desgraciadamente poco se puede hacer por
ellos, porque algunos padres se oponen a recibir ayuda, ni para llevarlos a los
hogares porque son escasos y están llenos de niños abandonados.''( María Rodas,
ama de casa, 49 años)
'' por más que les
demos cincuenta bolivianos, no vamos a cambiar sus vidas, le alegraras el día pero
al día siguiente van a volver a trabajar, están acostumbrados a eso, esa es su
vida'' (Marcelo Castro, estudiante, 24 años)
''lo que se necesita son más centros de ayuda
para sus familias y ellos, hay algunos que van a la escuela y piensan en un
futuro, pero hay otros que lamentablemente no y de mayores se hacen
pandilleros'' ( Ximena Morales, aproximadamente 40 años)
A Joel a veces su madre lo acompaña, y se sienta en la
parada de buses de la esquina y de vez en cuando lo llama para pedirle el
dinero ganado por su hijo, pero ese día de los muchos que lo veo ahí, su madre
no estaba cerca, no había ido y por eso Joel que salió a las seis de la mañana
de su casa y llegado a las siete a su lugar de trabajo, retornaría a las ocho
de la noche a su casa, un poco más temprano que de costumbre.
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| Joel a la derecha y su amigo. fuente propia. |

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