miércoles, 10 de diciembre de 2014

Día a día trabajando en la calle

con sus escasos segundos de descanso Joel niño de diez años, de estatura baja , pelos oscuros, piel morena y ojos grandes, espera bajo el sofocante calor del sol de medio día y pisando el abrasador asfalto calentado,  que  el semáforo del cuarto anillo y Paraguá cambie de color y los vehículos se detengan y así el pueda hacer piruetas y luego cobrar monedas por el show, a diferencia de muchos niños de su edad que en estas fechas ya piensan en las vacaciones escolares  y en la esperada navidad, Joel , nunca fue a la escuela y solo piensa en cosas básicas como: la comida del día y llevar dinero a casa, sin sueños, sin metas, sin nada.

El caso de Joel es uno de los más de 120.000 que existen en la ciudad de Santa Cruz, niños que trabajan más de ocho horas en las avenidas de la ciudad, siendo explotados en algunos casos por sus padres quienes son malvivientes o adictos a drogas, sin importar el peligro que corren en las calles.
Pese a que está prohibido que los niños trabajen y que es un derecho y obligación que vayan a la escuela, la realidad es que si existen estos casos y los podemos ver en la cuidad.

Existen grupos tanto estatales como privados que tratan de alejar a estos niños de adquirir malos hábitos delincuenciales o adicciones, pero en un país con altos índices de pobreza como Bolivia es muy difícil.

'' verdaderamente da me mucha pena, como madre ver a esos niños trabajando en las avenidas sin cuidados de los peligros que corren, pero desgraciadamente poco se puede hacer por ellos, porque algunos padres se oponen a recibir ayuda, ni para llevarlos a los hogares porque son escasos y están llenos de niños abandonados.''( María Rodas, ama de casa, 49 años)

'' por más que les demos cincuenta bolivianos, no vamos a cambiar sus vidas, le alegraras el día pero al día siguiente van a volver a trabajar, están acostumbrados a eso, esa es su vida'' (Marcelo Castro, estudiante, 24 años)

 ''lo que se necesita son más centros de ayuda para sus familias y ellos, hay algunos que van a la escuela y piensan en un futuro, pero hay otros que lamentablemente no y de mayores se hacen pandilleros'' ( Ximena Morales, aproximadamente 40 años)


A Joel a veces su madre lo acompaña, y se sienta en la parada de buses de la esquina y de vez en cuando lo llama para pedirle el dinero ganado por su hijo, pero ese día de los muchos que lo veo ahí, su madre no estaba cerca, no había ido y por eso Joel que salió a las seis de la mañana de su casa y llegado a las siete a su lugar de trabajo, retornaría a las ocho de la noche a su casa, un poco más temprano que de costumbre.


Joel a la derecha y su amigo.
fuente propia.



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